Discurso en Universidad Javeriana

Durante promoción de graduación - Facultad de Ingeniería

Abril 5 de 2003

Señoras y Señores:

Esta tarde de grados constituye una fiesta de la Victoria Inicial en la batalla de la vida, pues se coronan los esfuerzos académicos primarios en la formación profesional y humana de ustedes amigas y amigos que reciben su diploma.

Ha sido una etapa desarrollada en equipo con los padres, los docentes, los directivos. Pero el laurel es para ustedes que tanto lo merecen y que ciertamente nos llena de orgullo íntimo a quienes los llevamos en el corazón.

Pero hoy mismo la vida apenas empieza, aunque ahora estarán casi solos para enfrentarla y recibir de ella los desafíos que se imponen, las nuevas y definitivas batallas que librarán desde mañana para recibir las mieles y las hieles que tales luchas deparan.

A medida que se avanza en el estudio, los libros embrujan al que a ellos se acerca con interés pero con humildad. Han recorrido ustedes en diferente nivel de detalle la historia del hombre, los desarrollos tecnológicos, las organizaciones humanas sociales o políticas, las condiciones empresariales, los abismos insondables de la mente, los funcionamientos biológicos, las ecuaciones que rigen los materiales, la organización planetaria, las formas de producción y comercio, las leyes que regulan las relaciones humanas, las estructuras estatales y su devenir, las formas de aprovechamiento de los recursos. Muchos de ustedes, que apenas llegan a la juventud, desde los libros, ya tienen la edad del Neandertal, han viajado por el planeta entero y conocen en detalle su morfología, estuvieron en la fundación de Roma, asistieron a la ejecución del Bautista o de María Antonieta, sufrieron horrorizados la locura de Alejandro en Persépolis, aprendieron comportamiento con Hamurabi en su columna legislativa, escucharon las diatribas de leyenda en los foros, se embelesaron contemplando los hechizos de Afrodita o de París, construyeron geometrías con Euclides o inventaron el cero en el Oriente, caminaron caminos vagos con Caín andante, acompañaron a Freud en el viaje sublime a la sicosis, fundaron la medicina con Hipócrates, lloraron con ojos exprimidos la tragedia de griegos o quimbayas, se ilusionaron con los versos sublimes de Safo o de Rimbaud, soñaron mil noches de leyendas, en Bagdad, con lámparas mágicas o alfombras voladoras, descubrieron asombrados la ecuación que rige los átomos o los soles, hicieron negocios recientes o antiguos con Keynes o con Midas. Se acercaron, lentamente a los días de la creación, judeo-cristiana o caldea. Viajaron, cuando eran niños, de la mano de Simbad por mares ingnotos, descubrieron en las fábulas y en los cuentos hadas y duendes, brujas malignas y princesas encantadas. Iluminaron, con viejos mandarines, las noches chinescas con bengalas y chorrillos; fueron a la guerra con Gengis-Kan, y volvieron de regreso a noches de bacanales orientales, o al entierro de los muertos; navegaron a las indias orientales con Colón o le dieron la vuelta al continente siguiendo a Magallanes. Convivieron con emperadores, faraones, tiranos, hetairas, magos, faunos, esclavos... Desde los libros han tenido mil vidas, tantos siglos del pasado o del futuro, han estado en Egipto haciendo las crónicas de Heródoto, y algunas veces viajan con Asimov camino a las estrellas o a territorios vedados del universo en el futuro; los he visto, a todos ustedes, aplaudiendo eufóricos a Eurípides, o escuchando melodías inmortales en conciertos de Bethoven; ¿Cuántas veces dialogaron con Platón?, ¿no escuchan embelesados a Sócrates en disertaciones abstrusas con Descartes?. Escapen, aún están a tiempo, de las redes hechiceras de Friné la descocada, pero ¡cuidado! que muy cerca andan Cleopatra y Helena de parranda. ¿Acaso no disfrutaron las mieles del amor con Romeo y Julieta? ¡Cuántas veces han llorado al contemplar la destrucción de hombres y naciones, del templo de Jerusalem o las murallas de Pompeya, del incendio de Roma, o las carnicerías Hititas, o se entusiasmaron en el palco de torneos medievales, de lanzas rotas y corazones destrozados!. Sí, ustedes saben los secretos de la composición de la materia terrena, de las monedas fútiles y los pensamientos elevados, de las pasiones y las grandezas. Con los libros ustedes han vivido mil vidas y conocido todos los secretos. Y aquí, en esta universidad madre, aprendieron el arte de los signos enredados, de la ciencia inescrutable, de la tecnología aplicada, de las matemáticas sublimes, de las leyes del cosmos, porque ustedes ya son iniciados. ¡Qué bueno que les inculcaron la única avaricia lícita, la sed insaciable: El conocimiento!. Así podrán, algún día, ser eruditos. Y los preparan entonces para recorrer el camino apropiado que es el de la sabiduría, la cual no encontrarán en los libros, porque se alcanza sólo en la senectud intensa, después de vivir mucho, de sufrir mucho, de gozar mucho, de tener cada instante de la vida abierta la mente al aprendizaje de la verdad y el discernimiento. Sabiduría es tener como propias las experiencias de la humanidad entera, hasta llegar al reposo espiritual que permite el análisis intenso, la comprensión de lo complejo hasta volverlo simple. La sabiduría es claridad, luz en la oscuridad, es universalidad, tolerancia, paciencia. Es ausencia de signos externos sacrificados a la consolidación de los bienes internos. La sabiduría es pues la asimilación de las experiencias propias y ajenas, la memoria genética heredada, lo acumulado en el hombre desde Adán hasta Armagedón. Que el fin de ustedes sea mientras vivan, el camino que lleva a la sabiduría, para que puedan pertenecer al consejo de ancianos que ha engrandecido nuestra especie en su beneficio.

Hoy ustedes reciben el desafío que la humanidad entrega. Miren todo lo que el hombre ha acumulado en el conocimiento y apenas nada se sabe. ¡Cuánto hay por descubrir, por aprender!.

Nada sabemos. Nada del cosmos con sus agujeros negros, materias y energías; nada del mar profundo, o del microcosmos invisible a los ojos y a las ecuaciones; nada de enfermedades desafiantes, nada de lo que esconde, celoso, el planeta en su vientre; nada sobre los límites del universo, ni siquiera su edad guardada como mujer veleidosa; nada sobre los procesos del cerebro o los genes del insecto; nada sobre drogas mágicas para el conocimiento o la inmortalidad. Nada sobre la profundidad de la mente humana.. ¡Y para qué hablar ni siquiera del nulo conocimiento más importante, aunque audaz: El de Dios!. Del que más se nos revela y menos aceptamos, del calumniado y oprobiado, pero siempre disponible. De Él sólo sabemos el Padre Nuestro y El Miserere. Ahí tienen también un desafío, no conozcan a Dios, pero al menos descúbranlo. Les tengo la clave que Él nos reveló: EGO SUM QUI ES. No reverencias, no me equivoqué, reflexionen sobre la eternidad y verán que Él permanece. La versión mosaica del verbo es un enigma, la anterior es una revelación sublime.

¡Qué bellas y útiles son las profesiones de la ingeniería que juntan la ciencia y la tecnología!. En todas partes es igual la oportunidad de aplicarla al servicio del desarrollo, pero mucho más en nuestro país que requiere desesperadamente el concurso de todos para que surja la reactivación económica, el empleo, la derrota de los males sociales identificados en la violencia, la corrupción y el egoísmo que aumentan nuestros desequilibrios y propician la miseria. Cuánto hay por hacer por esta sociedad que tanto espera de ustedes ingenieros de Colombia, en cada campo de su especialidad. El diploma que se les entrega, les permite en la vida su realización profesional, los elementos económicos para sus propias familias, el estatus de trabajadores calificados de la patria. Si aman su carrera, si la practican con afecto, si continúan el aprendizaje diariamente, si combinan la práctica con la teoría, adquirirán la competencia profesional que conduce al respeto entre sus colegas.

Las disciplinas académicas que han cursado en el mundo frío de las ciencias aplicadas, tiene graves efectos en la percepción del mundo que ustedes forman y en la estructuración humana que han moldeado. Es corriente que tal suceso robotice el comportamiento y el sentimiento y aniquile las sensibilidades humanísticas con lo que se pervierte el gozo de la vida si ésta se mecaniza; en los tiempos que siguen al evento de esta tarde, se imprimirá el rumbo del resto de su existencia que no podrá ser constituido por el mero análisis de ecuaciones, fórmulas, mecanismos complejos, circuitos absurdos. Más allá de todo están los valores del alma humana, los elementos vitales que nutren las raíces ancestrales, los complejos silogismos, de la dialéctica que enfrenta la razón y el sentimiento. Nada se tiene cuando sólo se adquiere el conocimiento tecnológico que inhibe la sensibilidad. Jamás dejen a un lado la apreciación diaria de lo natural y lo espiritual, recreen su mirada detenidamente en el arco iris cuando salga, en los delicados tonos de los pétalos, en el vuelo sutil de mariposas, en el sonido de las cuerdas y los vientos, en los arrullos amorosos de las aves, en las melodías de la cuna ya olvidadas, en la cadencia de los versos románticos, en el gozo triste del amor perdido, en el espacio nuevo de paisajes viejos. Disfruten en profundidad con las “cosas simples de las simples cosas.” Recréense con el sonido de las campanas perdidas en los pueblos de las cordilleras, con los espejos de agua donde se asoma el cielo. Lloren siempre con todo el que sufre; y rían luego, con todo el que alegre encuentren; que no haya para ustedes extrañeza por lo sensible, porque eso los hace humanos, el mero trabajo sólo los convierte en máquinas.

¡Ah, sí, Colombia es un desafío para ustedes!. Jamás crean que es pobre, al contrario, su riqueza es proverbial y extraordinaria: riquezas minerales, todas; agua dulce en exceso, mares tres, energía la que sobra, paisajes al por mayor, montañas y llanuras, climas perfectos, suelos fértiles, selvas densas, ubicación inmejorable.

¡No, no es pobre!, tal vez su dirigencia lo ha sido.

¡No, no es pequeña!, el pequeño es nuestro corazón; ¡No, no es violenta!, es sólo una nación adolescente en busca de su destino.

¡Sí, Colombia es un desafío para ustedes!, porque es su obligación transformar el contorno social donde se ubiquen. Es su obligación mejorar la calidad de vida de sus paisanos, erradicar las desigualdades extremas, universalizar las oportunidades, recuperar la dignidad nacional, civilizar las relaciones humanas, perpetuar los derechos y deberes civiles, consolidar la justicia y mejorar la democracia en instituciones públicas y privadas eficaces a la nacionalidad. Colombia, hoy será su primer compromiso, su mayor amor, su única patria su último destino.

Muchas Gracias.

Andrés Uriel Gallego Henao Discurso Promoción de Graduación Universidad Javeriana, Facultad de Ingeniería

Abril 5 del año 2003