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Historia
El Ministerio de Obras Públicas fue creado en
1905 por el gobierno de Rafael Reyes, cuyo primordial propósito fue el
de reconstruir a Colombia, impulsándola por la senda del progreso.
El Despacho se conoció durante algunos años
como Ministerio de Obras Públicas y Fomento, antes de especializarse en
las primeras, a medida que sus otras funciones pasaban a otros
departamentos del Estado.
Antes de 1930 fue fundamentalmente un
“ministerio de ferrocarriles”, después de ese año se convirtió en un
“ministerio de carreteras”, pero siempre se ocupó del conjunto de las
vías terrestres y fluviales, con variable acento. Construyó, además,
multitud de edificios públicos, conservó monumentos nacionales y
canalizó auxilios para las entidades territoriales.
En algunas ocasiones fue encargado del
aprovechamiento de aguas y la generación eléctrica, o de la aviación
civil, que no vino a ser definitivamente suya hasta época muy reciente.
En 1992 adquirió su actual fisonomía como
Ministerio de Transporte, para dirigir, orientar y planificar el
desarrollo de este vital sector de la economía nacional, que cobija las
entidades ejecutoras de las obras requeridas por tierra, ríos, mares y
aire.
Esta es una historia que merece ser contada,
porque el conocimiento que se tiene de ella es escaso por el agotamiento
o vetustez de los principales libros que tratan el asunto y además por
la cantidad de ideas recibidas que poco corresponden a la realidad.
El tema es tan amplio como interesante y por
ello, al cumplirse los primeros 100 años de la Cartera, el Ministerio de
Transporte juzgó propicia la ocasión para contar su historia a un país
que, en considerable medida, ha llegado a ser lo que es por una
descomunal intervención del Estado a lo largo del último siglo, sin la
cual Colombia no hubiese ingresado en la modernidad.
La historia del transporte y su
infraestructura está llena de tropiezos y, consecuencialmente, no es
fácil de relatar. Para narrarla, el Ministerio escogió a José Alvear
Sanín, escritor bien conocido por la independencia con que ha tratado
los temas de transporte en varios libros –el más reciente de los cuales
es su Manual del río Magdalena– y en numerosos artículos de prensa.
Esa independencia de criterio, que el Despacho
considera indispensable, es la mejor recomendación para este
libro, que si bien no refleja ni compromete al Ministerio, merece atenta
lectura por la multitud de asuntos que somete a la consideración del
país.
Andrés Uriel Gallego Henao
Ministro de Transporte
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